La factura de la feria de Albacete 2017

Muchos sabréis de la feria de Albacete y otros muchos diréis que qué leches es eso. Bueno pues resumiendo, son las fiestas de mi querida ciudad de Albacete, al sur este de Castilla la Mancha, una de las 17 comunidades autónomas de España, país de contrastes. 10 días de fiesta en todos los sentidos, gente por todas partes, comida y bebida para todos en plan bacanal superlativa. Y de eso vamos a hablar, de la comida que hemos ingerido y digerido estos días, los días que hayáis estado.

Empezamos con un aperitivo, como no acompañado de una buena cerveza fría o un buen vinito de la mancha (aunque no tiene porqué). La bebida no tendría problema mayor que el abuso que se haga de ella, pues ni el alcohol, ni el azúcar que lo acompaña son alimento necesario para nuestro cuerpo y como todo lo que el cuerpo no necesita y metaboliza, lo almacenamos en forma de grasa. Pero como el caldo de los dioses o la bebida del pueblo nunca vienen solos, en Albacete tenemos la buena costumbre de acompañar la bebida con comida, bien llamada tapa. Dicha tapa no es más que comida fácil de almacenar en grandes cantidades pues son muchas bocas que “alimentar” y bien son “patatas” fritas cargadas de grasas recalentadas o pan con algún embutido con más grasas o fritos los cuales han absorbido bien el aceite de calidad desconocida para el consumidor, etc.

Según paseamos por los alrededores del templete nos asaltan imágenes y olores de esos maravillosos gofres y tortitas que parecen fabricadas directamente por el mismísimo diablo para que tengan un sabor tan agradable que comerlas en escasos minutos parezca una ofensa para el paladar. Ofensiva es la cantidad de azúcar escondido que tienen estos productos, pues son azúcar y grasa horneados cuidadosamente a los cuales luego les ponemos más azúcar  en forma de chocolate, nata, caramelo, mermelada, miel… porque no eran ya suficientemente dulces.

Seguimos caminando y sumando alimentos que no hacen otra cosa que desnutrir nuestro cuerpo con sustancias que no solo no son necesarias para nuestra alimentación, sino que son perjudiciales en su abuso, mientras caminamos en dirección a las famosas carpas de la feria las gominolas o chucherías gigantes vienen a terminar de nutrir nuestras arraigadas tradiciones culinarias.

Es entonces mientras nos metemos otras tropecientas calorías a golpe tirones a ese dulcipica gigante, cuando llegamos a la carpa que más rabia te da, donde, mientras bailamos o no, sostenemos un “gin tonic” (o versión similar) que no es más que azúcar y alcohol en diferentes y muy variados sabores cobrados a precio de oro. Pero con algo tendrán que pagar esa música tan bien mezclada por ese DJ que ameniza las mañanas, tardes y noches de feria, los camareros que aguantan lo que no está escrito y demás dineral que cobren por permanecer ahí 10 días de una de las mejores ferias de España.

Tambaleándonos (unos más que otros) a causa de que el alcohol, repartido en nuestra sangre que llega al cerebro generando neurotransmisores inhibitorios, que impiden que se lleven a cabo tareas cerebrales básicas como hablar, oír, caminar o pensar y generando también otros neurotransmisores como la dopamina que nos genera sensación de placer y diversión, transformándonos en una persona más atrevida y confiada de lo normal. Pero es cuando el alcohol llega al bulbo raquídeo responsable de facultades como la respiración o el latido del corazón cuando empiezan las cosas serias, disminuyendo la respiración o el bombeo de sangre, lo que baja la temperatura de nuestro cuerpo y nos da sueño y nos toca dormir la mona. Pero antes puede haber alterado nuestra tos, nauseas o la capacidad para asimilar lo que comemos.

Al despertar tenemos los efectos de la famosa resaca, que no es más que una concentración alta de acetaldehído, una sustancia catabólica producida por el hígado cuando ha procesado todo el alcohol que anoche te hacía ser un héroe y hoy te hace sentirte lo peor. Esta sustancia es nociva para la salud, afecta al cerebro, a las pareces del estómago e intestino y disminuye la cantidad de vitaminas en el organismo que a la larga provocarán problemas cerebrales y de aparato digestivo mucho más serios y difíciles de corregir.

Con mayor o menos gloría, llegamos a la puerta de hierros, famosa puerta gigante de tres arcos que da acceso principal al recinto ferial de Albacete (cerrado el resto del año) la cual tenemos que cruzarla con el pie derecho primero, o eso dicen. Y después de recoger el programa de fiestas y poner la pulsera con nuestra información a nuestros hijos o sobrinos. Podemos sentarnos en las numerosas mesas que se encuentran en su interior donde podremos disfrutar de la gastronomía manchega que son manjares de cerdo o marisco, como el famoso “ChoriMorci” un bocadillo de, obviamente, chorizos y morcillas con denominación de origen cobrado a precio de ofensivo cargadito de la mejor y más sabrosa manteca de cerdo acompañado de especias y algo de carne de cerdo que mantendrá a nuestro estómago ocupado buena parte del día haciendo girar eso en su interior intentando digerirlo.

Llegando al corazón del recinto ferial, llegando al “templete” nos rodean un ejército de manjares llamados “miguelitos” de apellido de la roda, que son sencillamente hojaldre y crema en su versión básica, siendo también de chocolate, también blanco (algunos malditos le ponen nocilla blanca), bañados en chocolate, entre otras deliciosas versiones, con un denominador común grasas hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas nocivas para el organismo, responsable de la proliferación del cáncer en la sociedad moderna u otras enfermedades nerviosas tipo párkinson.

En el mismo templete podemos acompañar este manjar “made in hell” por sidra de manzana que por muy ecológica que sea no deja de ser azúcar con alcohol debiéndose tomar de manera responsable o no de otro modo, pero aun así los corchos vuelan sin control amparado el lanzador en el anonimato de la masa. Terminando la tarde con un café de una empresa albaceteña con historia que nos venderá un café de buen sabor acompañado de tu sobrecito de azúcar o edulcorante de turno, siendo los más duros los que lo tomen sin endulzante alguno.

No podemos irnos de la feria sin caminar por el paseo de la feria, donde podemos encontrar en su inicio lo que parece ser un atisbo de comida saludable como son las panochas, maíz a la brasa directamente en la mazorca, de origen dudoso vendido por señoras, que por sus maneras y compañías refuerzan mi opinión sobre el dudoso origen del maíz, pero no seré yo el que pida la factura de la materia prima en cuestión, y más siendo de los pocos alimentos saludables de la feria.

Después de montar en alguno de los cacharros o colaborar con caritas en su tómbola, podemos degustar, con el chocolate como principal acompañamiento, unos cuantos churros, buñuelos, torrijas, bañados en chocolate, rellenos de nata, etc. Siendo estas empresas capaces de sacar esa productividad máxima al aceite con el que fríen esos manjares, manjares que absorben todos los residuos de dicho baño en el cual toman la forma, que luego comemos siendo un alimento no solo innecesario si no perjudicial para nuestro cuerpo.

Con mis palabras solo pretendo dar a conocer los efectos que la comida típica de las fiestas puede causar en nuestro organismo. Y alguien puede pensar, se lleva haciendo tantos años y ahora me vienes con esas y puede llevar parte de razón, pero le diría que la sociedad de antes no es la actual sociedad obesogénica en la que vivimos y que tal vez la comida de feria no difiera mucho de la comida que nos sirven fuera de las fiestas.

No terminaré sin hacer un llamamiento al ejercicio físico que si ya es vital en nuestra vida cotidiana en feria mucho más, pues hay que contrarrestar el exceso de calorías de estos productos típicos con unas buenas sesiones de gimnasio o deporte favorito. Porque si dejamos el ejercicio durante 10 días normales ya nos pasa factura, si lo dejamos durante 10 días de feria, recuperarnos puede llevar meses.

Hacer incapié en que no solo se trata de calorías demás. Estos productos llevan grasas que no son válidas para el organismo pero al ser ácidos grasos son usados por el cuerpo para regular las hormonas, para proteger y dar consistencia a algunos órganos, reparar y crear membranas celulares, etc.  Si las grasas son de calidad (insaturadas) este proceso se consigue de manera saludable, pero si la grasa es trans, estos procesos generan inflamaciones, radicales libres y demás degeneraciones que aumentarán el riesgo de enfermedades cardiovasculares, como infartos o ictus.

La feria es para disfrutarla, pero con cabeza.

Gracias por llegar hasta aquí!

Saludos y suerte.

Carrascosa.

 

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